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10 de julio de 2009

Sueños de horror


Sucede que cuando vas a dormir, tu mente se abre a la imaginación y a veces engendra pesadillas. Despiertas, y te das cuenta que solo fue un mal sueño. Vas con tu madre, la abrazas y entonces te tranquilizas. Pero existen ocasiones donde tu sueño puede convertirse en realidad.
Esa es la historia de Saulito , un niño solitario y poco tímido. Cierta noche soñó con un muñeco de trapo como su mejor amigo. Su deseo de encontrarlo era tan grande que le pidió a la estrella de los sueños que encuentre a su amigo. Tanto le rogó y lloró para tenerlo, que la estrella mirándole muy triste, concedió su petición.

Al día siguiente, cuando su padre llegó del trabajo, entregó a Saulito un regalo envuelto en celofán azul. El niño abrió el regalo y se maravillo al encontrar al muñeco de trapo que había soñado una noche. Le dio un abrazo y estrechando su pequeña mano de goma le dijo muy enserio: "Amigos por siempre, amigos por siempre".

Desde ese instante, el niño comenzó a tratar al muñeco como un verdadero amigo de carne y hueso. Conversaba, jugaba y dormía junto el. El comportamiento del niño no levantó ninguna sospecha en sus padres que lo miraban felices como Saulito tenía un amigo con quien pasar el tiempo. Sin embargo, aunque sus padres no lo notaron, el niño comenzó a cambiar . Saulito no dejaba, por ningún motivo, al muñeco. Pasaba largas horas en el cuarto, no comía y ni siquiera asistía a clases.

Sus padres al percatarse de su extraño comportamiento, decidieron separar al muñeco del niño. Para que Saulito no se de cuenta esperaron la noche. Al oscurecer, la madre, sigilosamente, subió hasta su habitación, pero al ingresar se dio cuenta que era demasiado tarde, pues su hijito se había convertido en un hermoso muñeco de trapo. Abrazado a su amigo inseparable repetía una melodía incesantemente: "Amigos por siempre, amigos por siempre".

Esta historia fue escrita cuando cursaba el cuarto curso de colegio,
y fue publicada en la sección talentos del diario La Hora.

Mira también:

28 de junio de 2009

La dueña del tenedor


La supervivencia de los jóvenes universitarios en la Escuela de Iwias, en la provincia de Pastaza, no sólo tuvo olvidos de ropa de vestir y malos humores. También fue parte de confusiones de personalidad. Ese es el caso de Jonathan y la dueña del tenedor.

¿Pero, quién es Jonathan y de qué se trata esta historia?

Todo empezó aquel viernes a las 19:30. Los estudiantes de la Universidad de las Américas llegaban de su experiencia en la selva: La famosa supervivencia de tres días para aprender mecanismos de corresponsales de guerra.

Setenta y dos alumnos de la carrera de Periodismo y Multimedia fueron los que, con maleta en mano, llegaron a trabajar en conjunto y hacer amistades. Ahí se construye la historia de Jonathan. Un joven X que conoce a otra joven X llamada Andrea. Tres días suficientes para poderse nombrar panas y llamarse con diminutivos.

En fin, el clímax de la historia se desarrolla cuando los alumnos llegan a Quito. Andrea partió pronto y Jonathan se quedaría con su tenedor. Un posible préstamo en la selva para que no pase vergüenzas en la supervivencia.

Sin embargo, el encargo debía devolverse. Entonces, Jonathan la buscaría en medio de tantos alumnos. La llamaría por el único nombre que sabía; pero por falta de curiosidad, Jonathan no tenía más que los detalles físicos de su body.

Al tener sólo algunas pistas de Andrea, se quedó hasta que la mayoría partió. María José Lasso, Andrea Medina y María José Casco, serían las últimas personas en espera de su recorrido a casa. Jonathan, de cabello negro y ropa floja preguntó por “Andre”:

- ¿Disculpen, ustedes conocen a Andrea?

- Sí, claro –contestaron las tres compañeras de octavo semestre de periodismo-


- ¿Pero cuál de todas? ¿Por qué en el curso tenemos varias Andreas? –agrego María José Casco, mientras reían con gestos serenos.

- Es una muchacha churona de cabello negro, que siempre anda con cola –dijo Jonathan-

- ¡Ah! Debe ser la Andrea Romero. Ella siempre anda con cola - Contestaron al joven en coro- Y al fin teniendo este dato, Jonathan respiraría más tranquilo. Y haría la última petición para que el tenedor de su amiga llegue a sus manos.

Pidió a una de las chicas (María J. Casco), que le pueda entregar el tenedor. Anotó el teléfono de su amiga y se marchó por la avenida Granados.

A la mañana siguiente Andrea Romero recibió un mensaje de un supuesto amigo llamado Jonathan diciéndole: “Hola An soy Jonathan gracias por el tenedor. Le deje a una amiga tuya para que te entregue”

¿Qué? ¿Quién es Jonathan? Se dijo para sus adentros Andrea. Sorprendida y media furiosa contesto el mensaje: ¿Quién eres? Pero no recibió contestación.

*

El lunes de la siguiente semana, Andrea comentaría con sus amigas. El amigo Jonathan que nunca lo conoció, que tenía su número celular y que la llamaba An. Un supuesto “man x” que apareció de la noche a la mañana para agradecerle de un supuesto tenedor que le prestó.

Finalmente, se podría decir que está historia tuvo su explicación, el martes a las 18:15, cuando María José entregó a Andrea el supuesto tenedor. Las risas se concretaron cuando se dieron cuenta que todo fue una confusión. El famoso Jonathan X había entregado el tenedor a las amigas de una muchacha llamada Andrea, la misma que no tenía nada que ver con su body de campamento. La tan aclamada “An”, no se supo quien fue, y Jonathan X viviría con la mentira de la dueña del tenedor.
Conoce otras experiencias de los estudiantes en: Historia de las esquinas


10 de septiembre de 2007

El fantasma de la Mega


El edificio esquinero de la Av. 12 de Octubre y Colón de modelo puntiagudo y antiguo tiene muchos años de construcción. Varios departamentos funcionan en ese lugar. La radio la Mega, es uno de esos. Funciona hace tres años en el cuarto piso, y se sube a través de un ascensor. Las gradas son descartables cuando se trata de llegar rápido al punto de encuentro de las entrevistas con Patricio Borja. Conocido mejor como el radiodifusor Pato Borja, es quién anima en las tardes con historias de recuerdos. Desde las 17:00 hasta las 19:00 el show del Pato 2pm empieza. Su singular música del "amigo fiel", y la lectura de las opiniones que recibe de sus radioescuchas.

Los micrófonos, la computadora con los textos, las cuñas rápidamente se preparan anteriormente para el programa. Detrás de toda la animación hay un equipo que ayuda a seguir adelante con la producción. A fuera está el personal trabajando. Juan Carlos, el encargado de los asuntos financieros; Doña Cecilia, la dama que contesta los teléfonos eficientemente; Roddy el guardespaldas que busca la seguridad y la organización de la Mega.

Todos ellos con la llegada de nuevos jóvenes pasantes forman una gran familia junto con el huésped misterioso que está presente: "el fantasma de la Mega". Los testimonios lo hacen ser parte del grupo, pues se han acostumbrado a su presencia.

Los nuevos pasantes que acuden a este departamento son los que siempre se asombran y buscan entre las sombras la verdad de los testimonios. Incredulos, nerviosos, o simplemente curiosos quiéren verlo por sus propios ojos. Buscan entre el reflejo de los cuerpos en las ventanas oscuras, en las fotos tomadas recientemente o en las sombras del computador. Señales que confirmen su presencia.

Fantasma sin rostro, sin sexo, sin edad juega con los equipos de producción, con las luces, con las personas. Los fines de semana en las noches, especialmente los sábados, juega con ser el locutor de la Mega.

Roddy es el que más cree de su presencia. Con temor y respeto relata su contacto. >>Un sábado en la noche, tipo 10, pase por aquí y me sorprendió ver las luces prendidas<<>

Paqueo el carro, corrió donde el guardia y le pregunto: ¿Alguien subió al cuarto piso?
- No, nadie, respondió el guardia.

Roddy salio a la Av. 12 de Octubre. Cruzó la calle y confirmó su locura. Las luces estaban prendidas.

Enseguida, pensando que alguien olvido apagarlas subió el ascensor con las llaves en las manos, pero al llegar no vio nada. Las luces estaban apagadas.

Roddy tomó fuerzas, respiró profundo y con la linterna de su llavero fue iluminando todos los lugares hasta acercarse al interruptor. Nuevamente lo recorrió. No había nadie, pero sintió un viento desolado. La piel de su cuerpo se le enfrió. Miro a la ventana que estaba en frente de él. Vio dos sombras. La una se movía al son de su cuerpo,pero la otra solo estaba estática acompañando a la sombra viva de su cuerpo.

Roddy no dijo nada. Poco a poco sus pies retrocedían hacía atrás con dirección al ascensor. Apago las luces y pulsó el botón que lo llevaría a la planta baja. La puerta se cerro. Al fin se sentía aliviado.

-Me dio miedo- dice Roddy al culminar su relato a las jóvenes pasantes que se encontraban en el penúltimo día de su trabajo.

Tal vez Roddy vuelva a repetir su valentía de encontrarse con ese alguien vacio. Solo que está vez lo hará acompañado.